sábado 11 de julio de 2009

Enjoy Coke, but in Peru… Inca Kola is it!


En abril de 1999, el recién llegado a Lima presidente del directorio de The Coca-Cola Company, M. Douglas Ivester, tuvo que probar en público –para el público– la gaseosa que los peruanos preferían. Se celebraba la absorción de esta bebida gaseosa por parte de la Coca Cola Company. El gigante rendido ante el sabor local, Goliat derribado tras la pedrada en la frente tras aceptar que la única manera de ganar en el Perú sería teniendo a la gaseosa amarilla de su lado. Y la compró (claro, tras desmontar dos veces su equipo de marketing en el Perú). Perder, comprar, es de acuerdo al cristal por donde se le mire. Fueron 200 millones de dólares que salieron de la billetera de Mr. Ivester para celebrar su propia derrota.
Así se planteó la situación, pues. La Coca Cola, aquella capaz de haber borrado de la faz de Venezuela a la Pepsi, que convirtió a Buenos aires en la ciudad más cocacolera de Latinoamérica, que hizo que el emperador de Etiopia viajara kilómetros en su avión privado para beberla en un país vecino, que auspiciaba olimpiadas y mundiales de futbol, publicitada por The Beatles y que fabricó el más grande ardid marketero de Navidad y que lo introdujo en el ideario infantil, nunca convenció el paladar de este humilde país tercermundista que se refugió en la Inca Kola y que lo mantuvo en un lejano segundo lugar en las preferencia peruanas.
Y es que nuestra gente, cuando se refiere a acariciar su paladar, no escatima en rechazar todos los esfuerzos de marketing, publicidad y btl de poderosas transnacionales y convertir nuestro territorio en un auténtico cementerio de elefantes. Cuando todo mundo se desvivía por fumarse un Winston o un Marlboro, en el Perú el paquete azul y blanco de Hamilton fue un tremendo dolor de cabeza para la British American Tobaco, que no tuvo más remedio que (no podía ser de otra manera) comprarlo.
Y en cuanto al otro símbolo yanqui por excelencia, la McDonnalds, al pisar tierras cholas, se encontró que no le quedaba otra que tragarse el sapo del tercer lugar, ya que la Bembos, con un fuerte posicionamiento de colar sus hamburguesas con aderezos típicos de nuestra culinaria y emparejándola con Inca Kola, pues lidera el mercado local muy por delante de Burguer King, el segundo en la brega.
Y no creo que tampoco la gente cambie la cerveza Cristal por Heineken.
Pero regresemos a Inca Kola (la bebida de sabor nacional, de slogan). Los ejecutivos de la Coca Company, muy contentos con la adquisición, le auguraron a la bebida amarilla llegar muy lejos en el mercado mundial. El resultado, después de tanto tiempo de este acontecimiento, pues es que ha llegado tibiamente al resto de los países que están en sus fronteras. O sea, Inca Kola es muy fuerte en el Perú, pero no termina de calar en el gusto del resto de los países ¿por qué?
Pues, bueno, cuando en mi casa es hora del almuerzo y vamos a disfrutar de un seco de cabrito, un escabeche de pescado, un arroz con pollo o un cebichito, pues la Inca Kola es la bebida que se plantará en el centro de la mesa. Y cuando vamos a algún restaurante criollo a disfrutar un lomo saltado, a un restaurante andino con su pachamanca o a los restaurantes chino-peruanos (conocidos como chifas) a comernos un Kam lu Wantan, pues es casi de hecho que todas las mesas tendrás a la bebida amarilla como fiel aperitivo.
Es que la Inca Kola es una bebida que cae muy bien con las comidas condimentadas. Es dulce, suave y que complementa a la perfección los platos criollos. Los grandes chef peruanos la recomiendan. Y lo que olvidaron los gringos de Coca Cola Company es que, para exportar a la Inca Kola a los confines de la tierra, también tienen que exportar los sabores intensos de nuestra culinaria.
¿Una bebida solamente para peruanos? Al parecer si. Los extranjeros no lo dicen pero seguro que lo piensan: color orina y sabor a chicle. «It’s bubble gum. How do you like that thing?», declaraba por Internet una ciudadana alemana tras una encuesta. Pero, en todos los países se vende ¿Por qué? Porque hay colonias de peruanos. Y los que salen de nuestro país ruegan para que sus equipajes, con sendas botellas de la bebida nacional, no excedan del peso reglamentario porque de lo contrario van a tener que dejar los abrigos de invierno. Un fenómeno, por supuesto. Hasta la Universidad de Harvard ha editado un estudio concienzudo sobre como la bebida preferida por el mundo entero fue derrotada lejos de su casa por una desconocida.

miércoles 1 de julio de 2009

Orgullo gay


1. Durante la visita del grupo juvenil Jonas Brothers al Perú, un periodista comienza a entrevistar a las distintas chiquillas que se apostaban frente al hotel donde sus ídolos se hospedaban mostrando carteles y otras cositas.
- ¿Les gustas los Jonas Brothers?
- Ay, si, son unos papacitos….
- Pero parecen que son gays ¿ustedes creen que sean gays?
- Noooooo, como crees que van a ser gays, no sabes lo que hablas…
- Bueno, no se les conoce pareja conocida…
Lección de prejuicio: si no tienes pareja, seguramente eres gay.
2. Carlos Alvarez es el mejor imitador cómico de la TV peruana. Entre sus imitaciones más celebradas podemos encontrar a Hugo Chavez y Michelle Bachelet. El jugador Paolo Guerrero, delantero del Hamburgo alemán, también fue blanco de su sorna, haciéndolo ver como un chiquillo engreído, metrosexual y juerguero. La imitación, a decir verdad, se le va de las manos, y más bien lo hace ver como un tipo de modales femeninos. Al jugador le indignó en algo, llegando a declarar que “Si Carlos Alvarez es gay, eso no quiere decir que todos lo sean”. Carlos Alvarez, al día siguiente, amenazó al futbolista de enjuiciarlo por haberle dicho homosexual.
3. El joven escritor Toño Angulo Daneri publicó un libro llamado “Llámalo amor si quieres” en la que afirmaba, tras entrevistar a varios personajes, que el líder fundador del aprismo, Víctor Raúl Haya de la Torre, era homosexual. No se le ocurrió idea más tonta que presentar ese libro en Trujillo, cuna del político. Se salvó de ser linchado por la multitud (Trujillo es cuna del aprismo y la mayoría de su población es de esa ideología). Antes, muchos líderes apristas criticaron ácidamente al escritor por sus afirmaciones.
4. Hace algunos años, una pareja de homosexuales denunció a la cadena de supermercados Santa Isabel (hoy Vivanda) de discriminación. Ocurrió que estaban sentados en una de las mesas del comedor restaurante del establecimiento, y en ocasiones se besaban. Una de las meseras les dijo que por órdenes de la administración tenían que dejar la mesa por que su comportamiento molestaba al resto de los comensales (seguramente habían niños).
En estos días se celebró el día del Orgullo Gay en distintas partes del mundo. La marcha del Orgullo Gay, a decir verdad, no me llama la atención en absoluto simplemente porque si siguen desfilando de esa manera (disfrazados de Drags Queens o travestidos) nadie va a tomar en serio su causa. Perfecto, sabemos que hay políticos, deportistas, activistas, artistas y otras figuras prominentes que son gays, pero deja mucho que desear que sigan permitiendo que se les represente de esa forma. Como que en cualquier momento al alcalde de Berlin lo veamos vestido de mujer en una discoteca gay.
Y eso, naturalmente, no es cierto. Tengo conocidos gay que se comportan como caballeritos, son atentos, amables, discretos y muy responsables en sus respectivas labores. Y nunca se les ha visto vestidos de mujeres. Pero es lo que la mayoría piensa.
Por otro lado, tendríamos que hacer notar la inmensa susceptibilidad de los homosexuales ante cualquier cuestionamiento sobre su opción sexual. A ver, echemos leña al fuego: opción quiere decir elección consciente, libre y sin presiones. Entonces, pues, los gays se hacen y no nacen ¿motivos? Sabe Dios cuales serán. Habríamos que ver que en la naturaleza no existe algo semejante en los mamíferos (clase a la que pertenecemos): las especies se dividen en machos y hembras, tienen una manera de fecundarse perfecta y que la preferencia entre especies del mismo sexo de manera normal no se da.
Bueno, hay quienes me dicen que los gays son una de las expresiones que nos diferencia de los animales y nos hace superiores. Podría ser lo contrario. Quedaría entonces que preguntarnos que es la homosexualidad.
Ahora, existen muchos padres que simplemente han aceptado la homosexualidad de sus hijos pero que tienen la esperanza de una “cura” para que vuelvan de nuevo a la masculinidad o femineidad según sea el caso. No por nada luchan para que los gays no se presenten en la televisión en horarios de protección al menor.
Sobre esto último, queda la pregunta para todos ustedes ¿Qué harían ustedes si sus hijos son homosexuales? Respuesta “políticamente correcta”: respetaría su decisión. En lo que a mí me respecta (y dejando de lado mi respuesta pleistocénica: lo enviaría al ejército para que se haga hombre) les diría que no me agradaría porque, como he anotado en los cuatro ejemplos del comienzo, se va a encontrar con un mundo muy duro, donde un abogado no es lo mismo que un gay abogado.
Para finalizar dos cosas: Si quieren los gays que se les respete por su opción sexual, pues que ellos también hagan lo mismo. Lo digo por uno al que lastimosamente tuve que apalearlo porque, a pesar de saber que era casado y con hijos, quería convencerme que tenía un “mariconcito adentro” y que tenía que sacarlo.
Dos: No sigan insistiendo a la curia romana para que se les acepte el matrimonio gay. Matrimonio, por definición, es entre hombres y mujeres. Además, el catolicismo es una institución dogmática, así que pierden su tiempo.
Recomiendo leer:
Curar la homosexualidad, por Daniel Mercado

sábado 20 de junio de 2009

La peligrosa incomunicación


Uno de los capítulos más tristes ha ocurrido las últimas semanas en nuestro país, y a la vez uno de los operativos policiales peor planificados y realizados que le costó la vida a más de 24 policías y un número no determinado de nativos de la selva en un intento de desalojo.
El motivo de tanta lamentación se resume en una sola palabra: incomunicación. Un ejemplo claro de cómo la falta de comunicación, el creer saberlo todo, el tratar de decidir por el resto puede provocar. Y para agregar más cosas, hay que sumarle la ineptitud, los oídos sordos, las mecidas, la politiquería barata, la prepotencia y la desinformación adrede.
Veamos: el gobierno promulgó dos leyes, la 1090 y la 1064. Estas leyes buscaban una demarcación definitiva sobre las tierras que eran posesión de las distintas tribus amazónicas, las que pertenecían a parques naturales intangibles y los que eran posesión del estado peruano. Estos entonces podían ser explotados, dados a concesión o vendidos a terceros. Era una ley que estaba siendo aprobada por varios organismos ecologistas y por las leyes norteamericanas firmantes del TLC con el Perú. Las leyes estaban siendo pensadas para que de una vez se pusiera un marco legal no solamente al problema de posesión de tierras sino para combatir la tala ilegal indiscriminada, la minería informal (que contamina ríos con mercurio) y a la exploración de más yacimientos petroleros.
El problema llegó por la inconsulta, y que fue aprovechado por grupos extremistas, opositores a las explotaciones petroleras y mineras y de grupos ollantistas para llevar agua a su molino. Es aquí donde surge la figura de Alberto Pizango, secretario general de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep), que incitó a los nativos y habitantes de la selva a bloquear caminos, carreteras y a presionar por la derogatoria de las normas, sin dejar opción a la revisión, consulta o aplazamiento.
Tras este grave problema, vino la desidia, la falta de compromiso y el pésimo tacto de los políticos para resolver este problema: mecidas, aplazamientos y diversas criolladas en el congreso para evitar ver el tema de la derogatoria, sin considerar que la selva seguía incomunicada, que cada vez más gente se sumaba a las protestas, que las ciudades de esa zona se estaban quedando desabastecidas y con millonarias pérdidas de dinero debido a los cierres de negocios y la pésima imagen frente a los turistas extranjeros. No importaba nada aquí, solamente el tira y afloja entre grupos políticos rivales y demostrar quien era el más mañoso en estas lides.
Entre las acciones reprobables que se dieron se encuentra un video en la que algunos congresistas del nacionalismo dan un manifiesto a un grupo de nativos reunidos en un auditorio, en las que les dicen que la ley hará que les quiten sus tierras y el agua (lo que es mentira, no estaban contemplados en los decretos), y a su vez azuzándolos a la respuesta violenta.
El gobierno, definitivamente, manejó muy mal el problema. No fueron lo suficientemente capaces de ver que este empeoraba día a día, a pesar que la prensa lo advertía, sino que esperaron hasta el final, cuando ya los nativos habían endurecido su posición para actuar, lo que terminó en un operativo de desalojo de carreteras que se constituyó en el peor desastre sufrido por la Policía Nacional en toda su historia: se enviaron a policías con edades promedio de 20 años, que eran de la costa (e ignorantes sobre como actuar en esos lugares), con armas de largo alcance pero sin órdenes de disparar. Hay varias hipótesis para explicar las muertes: al parecer los policías se asustaron al ver a la turba que prefirieron entregar sus armas y someterse a la humillación (como sucedió en otra oportunidad), solamente que los nativos no actuaban así, de modo que les quitaron las armas y los ultimaron. Otros que señalan que los policías tiraron a matar, lo que explicaría que hay nativos baleados por la espalda.
Estos hechos dieron como consecuencia, también, que otros nativos, que habían tomado un yacimiento petrolero y tenían como rehenes a un grupo de policías, los torturaran y asesinaran con balas y machetes al escuchar la noticia del desalojo violento por medio de radioemisoras extremistas que irresponsablemente propalaban que a sus hermanos los estaban masacrando. Hay que señalar que la ley del talión es muy común en la selva, por lo que se cree que los nativos asesinaron a los policías indefensos por venganza.
Ante estos hechos, tengo que decir dos cosas: Es un delito bloquear carreteras, por lo que los dirigentes que la dirigieron así como sus principales protagonistas deben responder por esto. No se puede justificar la toma de una carretera, por muy justas que sean las razones. A Alan García no le faltó razón al decir que los nativos no eran ciudadanos de primera clase para no permitir que otros peruanos no vayan a la selva. Es posible que pudiera haber utilizado otros términos, pero lo esencial es correcto, por más que se tergiversen sus afirmaciones. Por supuesto, no voy a estar de acuerdo jamás con que García haya comparado a los nativos con el invasor chileno durante la guerra del pacífico. Por otra parte, no existe motivo antropológico alguno para justificar la matanza de los policías rehenes, por lo que sus autores van a tener, también, que responder a la justicia.
No podemos permitir tampoco que la ministra del interior no acepte su responsabilidad en estos sucesos. Su ineptitud es elocuente. No vale para nada que se diga que ha habido “injerencia extranjera” o “agitación subversiva”. Tampoco podemos permitir que se culpe del descalabro policial a un agente que se encuentra desaparecido y responsabilizarlo por el fracaso del operativo. Que no sean cobardes y que no la emprendan con una persona que, por ahora, no puede defenderse. Y tampoco que una actriz de tercera que dice ser peruana se meta a hablar barbaridad y media sobre este problema del cual no sabe nada y nos venga a decir que Alberto Pizango, un tipo que buscaba muertos para su figuración política y que ahora está refugiado en la Nicaragua de Ortega para no presentarse a las autoridades, es un ejemplo para la juventud.
Finalmente se ha claudicado. Después de tantas vueltas innecesarias, se han derogado las leyes. Esto es peligroso, ya que el mensaje que se da es que si una persona o un grupo desean una reivindicación, simplemente hace un alboroto violento o bloquea un medio de comunicación. Y los últimos acontecimientos en Andahuaylas y Sicuani están dando la razón. El Estado, al parecer, se ha bajado los pantalones.
Lo que ha ocurrido pues, debe servir de lección. Simplemente no se ha sabido escuchar, se ha tratado al nativo selvático como un ser inválido para decisiones sobre la tierra en que viven. Nunca subestimemos a nadie. Recordemos que vivimos en una democracia.
Recomiendo leer:
Venas abiertas en el Perú

viernes 5 de junio de 2009

La otra epidemia


Y nosotros acá, dedicándonos como cojudos a ver una enfermedad extranjera que ha afectado a un montón de hijitos de mamá que tuvieron la magnífica idea de irse de viaje de promoción a Punta Cana ¿resultado? Varios enfermitos, el cierre de varios colegios que te piden una notebook entre los útiles escolares y la extensión de esta enfermedad a los sectores más necesitados de Lima (porque una de las que se contagió era empleada del hogar de uno de estos muchachitos).
“Que te puedo decir, estas cosas me alteran” dijo la mamá de un alumno de uno de estos colegios a una periodista preguntandole su opinión. Pero, de allí que ya se estén tomando las medidas del caso, no ha ocurrido gran cosa.
Hombre, a los hijos de los empresarios les ha dado fiebrecita ¿Cómo puedes ser tan inhumano?. Eso siempre será noticia. Hay muchos atropellados en Lima, pero cuando uno de estos cae bajo las ruedas de un auto, pues se encienden las primeras planas.
Pero mientras estos tienen una enfermedad que es perfectamente curable, tienen las posibilidades de hacerse tratar en clínicas privadas, quedarse en casita frente a su televisor plasma y sus playstation3, o escuchando música en sus Ipod de última generación, nos olvidamos que otros, igualmente peruanos, más indefensos y más inocentes mueren por otros lados olvidados de pulmonía, por que, gracias al calentamiento global, año a año el invierno por estos lugares se vuelve más duro e inclemente y afecta principalmente a los niños.
No se puede dormir allí. No hay suficientes frazadas que atenúe el frío. El invierno, aparte de afectar a los niños, destruye las siembras y mata el ganado, dejando en la ruina a varias de estas familias, que son afectadas por una pobreza terrible. Para colmo de males, viven en zonas muy alejadas de las ciudades, por lo que el estado no llega hasta ellas. La alimentación de estas personas es deficiente (solamente comen carne cuando una de sus alpacas muere de frío) y eso debido a que trabajan muy duro criando su ganado para luego venderlo, obtener dinero y comprar arroz y fideos. Esto conlleva a bajos nutrientes que van a resultar insuficientes a la hora de tener que soportar las enfermedades pulmonares. Esto es producto de la ignorancia, porque, como ya sabemos, la ignorancia también mata, y por montones.
En la última semana, la Oficina de Epidemiología de DIRESA-Puno, reportó la muerte de 34 niños menores de 5 años; a la vez, que se atendieron cerca de 40 mil casos de Infecciones Respiratorias Agudas (IRA) y 500 por neumonía a nivel regional. O sea, estamos hablando de más casos y más muertes que la Gripe A H1N1 ha ocasionado, y lo más lamentable que esto viene de hace bastante tiempo, que se sabe que año a año las temperaturas bajo cero afectan a estas personas y todas las veces se tienen que estar en campañas de solidaridad y colectas para socorrerlas.
¿Las autoridades? Pues con cada intervención quedan peor de lo que ya están, como ya es costumbre en toda Latinoamérica. La cuestión es que los centros de salud de esas zonas están con deficiencias de medicinas, vacunas, instrumentales y personal calificado. Mientras tanto, el ministro de salud anuncia que va a haber investigaciones, que interpondrán un recurso legal contra el presidente regional de Puno, el impresentable Hernan Fuentes, ya que tenía un montón de dinero en las cuentas del gobierno regional y que no los usó para estos menesteres. Fuentes, entretanto, señala que lo que hace el ministro son solamente maniobras distractivas para ocultar cosas más graves que ocurren en el país. Pero si hay algo que es muy cierto es que no se sabe para que piden tanto descentralización si a las finales no saben que hacer con el dinero que recaudan (monumentos al pene, seguro).
Mientras tanto, los niños siguen muriendo. Y eso que el invierno recién comienza, así que hacemos algo o no verán el próximo verano andino.

lunes 25 de mayo de 2009

Una fiesta de 15 años (el número 100)


En mis años de juventud (y hasta un poco más de la adultez) los quince años era el momento en la que los adolescentes conocían lo que era la elegancia, el charm, la delicadeza, la exquisitez, la solemnidad y el desenvolvimiento. La ceremonia de presentación, claro, siempre ha sido larga (cerca de una hora), que, si no se sabía hacer con inteligencia, podía echar a perder la fiesta posterior, pero eran las épocas en las que los jovencitos le demostraban a su padres que ellos también podían alegrar una reunión sin complejos y en un terreno que no era el suyo.
Entonces, los ternos oscuros, las corbatas tipo windsor, los peinados ordenados en los caballeros y los vestidos de gala, los tacos altos, el maquillaje, el peinado de spá y las joyas en las señoritas era lo más común. Y la luz blanca era de ley, debido al rigor de la etiqueta, y muchas veces una orquesta. Me podrán decir que es absolutamente frívolo e innecesario, pero no es malo, ya que en la vida habrá momentos como ese en las que uno no podrá negarse, ya sea por motivos sentimentales o laborales. No te vas a poner rebelde si por cuestiones de oportunidad te invitan a un cóctel en una embajada.
Para ganar un dinerito extra, trabajo de discjockey en un localito cerca de mi casa. Y, como muchas otras veces, me tocó enfrentar una fiesta de 15 años de las épocas actuales. La decoración no llegaba a la de grandes promotores de este tipo de fiestas, pero era lo que se esperaba para una familia de clase media peruana, por lo que los arreglos en tela, las mesas con manteles largos y una mesa larga con los bocadillos y la torta de tres pisos decía mucho del enorme esfuerzo de los padres.
Cuando vi en el techo los aparatos que emiten luces láser, humo perfumado y burbujas, y los invitados fueron entrando, sospeché que no iba a ser una fiesta de todo formal. Los muchachos estaban con sus ternos desabrochados y corbatas sueltas, pero otros entraban con camisas multicolores, zapatillas, pantalones anchos. Por contraste, las féminas si estaban con sus vestidos de gala de rigor, modificados por la minifalda.
Mi amigo el animador me avisó que entraba ya la agasajada, y que pinchara ese odioso tema que en todos sitios está en el tacho de basura menos en este: “Quinceañera” de Timbiriche (cantado por, horror, Thalia) al momento que entrara al salón. Pero allí no quedó la cosa: la cosa estaba aderezada por unos muchachotes vestidos de militares en traje de gala que hicieron todo un show con sus espadas al momento que la señorita de marras estaba ingresando (detalle que vi solo en matrimonios de militares, y de alto rango). Luego vino el tema del discurso del señor padre presentando a su señorita hija “a la sociedad”. El discurso, plagado de tartamudeos y cosas sin sentido, estaba dedicado no solo a su hija, si no también a la familia que hizo el esfuerzo de venir de provincias, a los abuelos fallecidos, al padrino que tiene plata y hasta al cocinero que preparó un potaje delicioso. Luego vino el discurso de la madre, que comenzaba con lo mismo que en el 99% de los casos “buenas noches, bueno, mi esposo ya lo dijo todo…”. Y para rematar el bodrio, el discurso de los dos padrinos.
De todo esto, mi amigo anuncia que la agasajada bailará un vals ceremonioso con su padre y el tema elegido es… “Tiempo de Vals” (que en el CD pirata que me pasaron estaba escrito”Bals”) de “Chayanne”. El tema fue popularizado en este tipo de lides por la animadora Gisella Valcarcel en su matrimonio, y como es costumbre, los peruanos copiamos siempre lo malo. La canción es inadecuada, también, ya que no es como un “Danubio Azul”, por ejemplo, porque no se puede acompañar con las palmas y siempre pierden el ritmo, lo que es notorio. El baile fue adornado por el resto de los uniformados que con sus espadas hacían un bailecito que sería una blasfemia para cualquier militar prusiano. De esto, comenzó otro baile, pero esta vez con cada uno de los galifardos que estaban en la fiesta. En esta parte de la ceremonia aproveché para tomarme una siestecita.
Después del baile, pasamos al lanzamiento del bouquet (ya no sabía para que, el paje ya estaba escogido y era el más alto, el más guapo y con uniforme diferente de los uniformados), y después de esto, la segunda parte aburrida: la toma de las fotografías de la quinceañera con todos los invitados.
La fiesta comenzó tras esto. Y las luces de colores, con todos sus efectos de discoteca también. No hace falta describir el horrible contraste de estas luces con el resto de la decoración. La música varió de cumbias de moda, algunas canciones de salsa y el reggaetón (con perreo incluido). Realmente daba vergüenza ajena ver bailar una canción como “Kulipandeo” a muchachitos con traje elegante y a las señoritas con sus bonitos vestidos de gala. Una señora ya avanzada en años fue a mi cabina totalmente disgustada para reclamarme la música que estaba pinchando y exigirme que ya no la colocara, por que la señorita quinceañera prácticamente ha dado un espectáculo bochornoso (lo que era cierto). Lo hice por un momento, solo para recibir en mis dominios a la agasajada hecha una furia y decirme que la fiesta era suya y que siguiera con el perreo. Uf.
Allí comprendí porque a los muchachos les gustaba las luces: las mañoserías que hacían no se notaban mucho.
Las últimas dos horas ya fueron para complacencia de los adultos. Y fueron las más animadas, ya que el reggaetón, parece mentira, no divierte gente.
La fiestita culminó con gente borracha, señoritas con los zapatos en las manos y bocadillos sobrando (yo llevé una bolsa a mi casa).
Y ver tanta tontería junta me divierte, me hace doblar de risa. Por eso, cuando soy convocado a musicalizar este tipo de fiestas, no me hago ningún problema.
¿Los tiempos cambian?... como dicen los amigos argentinos: ¡andaaaaa!.

miércoles 13 de mayo de 2009

Amor al chancho


Y todo vuelve a la normalidad en el país de los charros, los tacos, los mariachis, el tequila, Paulina Rubio y las telenovelas increíbles. Las clases en los colegios y universidades ya se reiniciaron, los estadios vuelven a la fiesta de los fines de semana y los centros comerciales otra vez son los puntos vitales para las esposas e hijas. Pero, eso si, con mucho cuidado. No olvidar que hay un virus que ha llegado para quedarse, que hay una seria amenaza de pandemia y que no hay que descuidar los consejos para evitar que se propague. O sea, hay que aprender a convivir con esta.
Los efectos para México son desastrosos económicamente hablando. Ha sido una para de casi dos semanas (uno nomás deja de trabajar ese tiempo teniendo familia y ya siente los efectos). Pero esto ha sido producto de la honestidad de las autoridades de salud del coloso azteca: haber advertido al mundo sobre un brote de una nueva forma de influenza, cuyos efectos letales se desconocían, hizo que muchos sectores productivos sufrieran pérdidas millonarias y el PBI se cayera. Como premio consuelo recibieron las felicitaciones de la OMS. Con estos antecedentes (y suponiendo que usted fuera ministro de salud de un país) ¿daría usted la alerta ante una nueva amenaza salubre?
Y las cifras no son de escándalo, aunque suene mal decirlo: en México se registran 2059 casos de influenza humana, o sea, el 0.002% de su población. De ellos, el 2% ha tenido un desenlace fatal, y fue por que en la mayoría llegaron a los centros de salud con la enfermedad ya avanzada, padecían de enfermedades extras como diabetes y porque ocurrieron en días en las que se desconocía la identidad exacta de este nuevo virus.
Esto registra una tasa de mortalidad extremadamente baja. Pero con todo y esto, México ha sufrido un ataque de discriminación como nunca antes se ha registrado. Esto ha incluido suspensiones de vuelos, negativas a jugar campeonatos de futbol en el país, negativas a comprar sus productos e insultos maquillados como declaraciones de alta diplomacia, que rayaban con la xenofobia.
Fuera de esto, también ha habido mea culpa de varios mexicanos donde se muestran contrariados por que una enfermedad perfectamente curable haya dejado la cifra de cuarenta muertos.
Y a pesar de que en momentos de alarma cualquier cosa se admite, pensando en frío hay que jalarles las orejas a las autoridades que, en lugar de comportarse como hermanos y ser solidarios con un país que necesitaba de nuestro apoyo, cerramos nuestras fronteras y mandamos a UCI a cuanto mexicano se registró en migraciones y toda aquella persona que estaba a menos de cinco metros de distancia de ellos. Suena a exageración, claro, pero poco faltó: una argentina estuvo algunos días en observación porque estaba con un proceso gripal y venía de México.
De todas maneras, lo que hicieron (y siguen haciendo) Argentina, Cuba, Perú, China con respecto a esta posible pandemia es poco comparado con el plan francés (Zarcozi, te me caíste) de que toda la comunidad europea suspenda sus vuelos al país azteca, que felizmente no prosperó, ya que sus consecuencias hubieran sido devastadoras.
Resultó curioso pero no extraño todas aquellas versiones sospechosas de la que es muy dado nuestro folklore latinoamericano: que la enfermedad la propagó Obama en su última visita a México, que fue un plan de algunos laboratorios farmacéuticos para adinerarse con la venta de vacunas y tapabocas, que la gripe vino del espacio (Alfa y Omega estaba en su garbanzal con esta versión) y una serie de desvariadas teorías. Como si el gobierno de un país se prestara a perjudicar su futuro por unas cuantas ampollas o un lote de tapabocas. Mucha fantasía y poca ecuanimidad.
Por otro lado, nosotros como peruanos tenemos que pensar que de nuestro poco cariño al aseo y nuestra costumbre de comer en cualquier sitio salió al mundo una enfermedad tan repulsiva como el cólera, que se convirtió en pandemia y que hizo que también nos hayan visto como apestados (como gracia, se decía que en los aeropuertos se veían tres puertas: damas, caballeros y peruanos). Para la próxima más coherencia no nos vendría mal.
Y por cierto, lo siento por los egipcios y los indios: su fanatismo y poca información sobre el cerdo va a hacer que se pierdan un manjar exquisito y que mueran de influenza dando gruñidos (oink, oink).
Recomiendo leer: soy mexicana y no tengo influenza

lunes 27 de abril de 2009

Te voy a meter preso


“Lo voy a meter preso”, “Rosales desgraciado”, “te voy a borrar políticamente”, “no puede estar libre, es un peligro para Zulia y hasta para su familia”. Este tipo de bajezas es lo que Latinoamérica debe espectar casi a diario (cuando a un canal de televisión de nuestros países, los libres, se toman la molestia de emitir algunos de sus sonoros comunicados) cuando alguna noticia como la que este gorila venezolano quiere encarcelar a su principal opositor, en una clara muestra de lo que es una dictadura.
¿Alguien en su sano juicio puede asegurar que Manuel Rosales tenga un juicio justo cuando, aparte de las amenazas, Hugo Chávez controla el poder judicial, así como el legislativo? El gorila venezolano ha secuestrado sistemáticamente la democracia venezolana y ahora puede, sin ningún empacho, decir lo que le canten los testículos: puede amenazar, insultar, liquidar honras, anunciar expropiaciones, etc.
Y la gente le tiene miedo. Se las ha arreglado para que los sistemas electorales detecten a los votantes. Como se ha cercenado la iniciativa privada y la mayoría tiene trabajo en la administración pública, y los que voten en contra de sus iniciativas (como la de reelegirse a perpetuidad) son despedidos sin esperanzas de reengancharse a la maquinaria laboral o son hostilizados. Por ende, muchos tienen que votar a su favor o asistir contra su voluntad a sus concentraciones y vitorearlo. Por ello es que encontramos una multitud en sus discursos. Y también tienen que aguantar el horrible e irremplazable color rojo que cubre su cuerpo.
Así como Rosales, todos los gobernadores de regiones que no pertenecen al entorno chavista son enjuiciados por corrupción. Y a pesar de que esta es una costumbre de personas que están en altos puestos políticos, los gobernadores oficialistas trabajan tranquilamente sabiendo que, aun así se les encuentre con dinero en las manos, nunca serán puestos delante de un juez, y si alguna vez sucede, la sentencia será liberatoria. Esto hace que se mine a la oposición lentamente y solamente quede un solo pensamiento sin que nadie le haga frente.
Lo que sorprende (y a la vez no, porque esto ocurre también en la Cuba de Castro) es la cantidad de personas que aplauden de pie los exabruptos del presidente. Esto es natural en las dictaduras: aplaudir, vitorear y enorgullecerse de que Hugo Chávez amenace con encarcelar a un opositor o con el cierre de un canal idem causa espanto en naciones libres.
Lo que estas personas no miden (y ahora con mayor razón, tras la jurisprudencia dejada por la sentencia a Alberto Fujimori) es que corren el riesgo de ir a juicio, y varias de ellas encarceladas por sistemáticas violaciones a las leyes de su país. No hay que olvidarnos que en esta época chavista hay violaciones a los derechos humanos, como apostar francotiradores en las manifestaciones opositoras.
Una de las cosas que ha logrado ya Chávez es que el referendo que convocó para perpetuarse en el poder (fraude o no, igual es grave) antes que la crisis le estalle en la cara y seguir gastando para obtener más apoyo popular. Pero no las tiene todas consigo: se prevé que la crisis se sentirá con más fuerza a mitad de año, y con el barril de petróleo por los suelos (actualmente $35) las reservas venezolanas no le permitirán mayores inversiones. Tendrá que gastar la tercera parte de un presupuesto de $70000 millones, pero si no realiza reformas en lo referente a tipo de cambio y gasto público, los problemas se ahondarán y será más difícil enderezar la situación.
Lo malo es que ya resulta más amenazante a sus opositores y solamente queda que el pueblo venezolano se arme de valentía. Hugo Chávez ha derrochado muchos millones de dólares en aventuras externas y malacostumbrando a la población a prebendas del gobierno, ha aumentado desmesuradamente el aparato público convirtiéndolo en ineficiente y corrupto, y espantando las inversiones privadas, lo que se traduce en mayor desempleo. Con este panorama, lo que le queda es ajustar la represión, convirtiendo su gobierno en más centralista y autoritario. Lo que queda saber es si el pueblo venezolano será tan cojudo en aguantárselo.